Váteres superdeslizantes: la ciencia al servicio de tu excusado

Una simple e inocente pregunta ha hecho que nos adentremos en el maravilloso (y extenso) mundo de los váteres: ¿por qué en muchas partes al lado del retrete falta ese simpático y guardián de toda infección llamado escobilla? Diréis “vaya tipas, se han creado un blog sólo para hablar de caca”. En efecto.

Os habréis fijado que el váter (de water, agüita de toda la vida) o retrete (palabra que viene del catalán retret, retirado) tiene formas mil alrededor del mundo. Su diseño es una evolución de la salud pública global y de los sistemas de alcantarillado en las distintas sociedades. ¡Incluso desde el imperio romano!

Según la Organización Mundial de la Salud, más de 400.000 personas al año mueren debido a un saneamiento inadecuado en numerosas partes del mundo. Una mayor higiene incide en una menor propagación de infecciones y enfermedades parasitarias, en la recuperación de las aguas utilizadas para este fin, y en una mayor seguridad para la población. Hay distintos diseños y formas y colores en los lugares de evacuación: retretes-letrinas, bidets en el cuarto de baño, retretes que se llenan de agua para crear una barrera para con las tuberías (como los norteamericanos), o están también los que te ofrecen el plato (los alemanes, austriacos, etc.). De verdad, la variedad de inodoros es insuperable.

Pero es que también, para aumentar la (falta de) higiene, hay que señalar que comportamientos como tirar de la cadena con la tapa abierta crea aerosoles de bacterias y de restos fecales que llegan hasta, al menos, un radio de un metro desde la taza. Sí, sí, tú, que no bajas la tapa cuando tiras de la cadena y te has empezado a cepillar los dientes, CUIDADO.

En cualquier caso, todos los diseños que se pueden encontrar en los servicios buscan un compromiso en cuanto a una menor acumulación de bacterias y un menor consumo de agua, buscando el equilibrio con el propio sistema de tuberías en cada lugar del mundo.

La escobilla, guardiana de tu inodoro

Pero volvamos al guardián contra toda infección que mora junto al váter: la escobilla. ¿Cuál es la función exacta de este objeto casi religioso? Pues bien, la función primordial de la escobilla es la eliminación por vía mecánica del biofouling. “Y, ¿qué infiernos es esto del biofouling? ¿Qué biofulin ni qué biofulan?” diréis.

El biofouling en castellano vendría a llamarse “biosuciedad” (por no mencionar que foul como adjetivo en inglés podemos traducirlo como nauseabundo, fétido, hediondo, inmundo o infecto, entre todo un abanico de exquisitos sinónimos). La biosuciedad se refiere a la acumulación y crecimiento de microorganismos (bacterias, hongos) así como de organismos no tan micro (como mejillones) en una superficie que suele estar mojadita (por algo siempre nos han dicho que nos sequemos bien al salir de la piscina). Tal escenario puede acontecer, claro está, en un váter. Evidentemente, el ejemplo de los mejillones no es aplicable (al menos en los puntos geográficos en los que hemos vivido) a los váteres que estábamos mencionando. En este caso, lo que sí que es aplicable es la colonización de la superficie a manos de unos cuantos microorganismos. Esto puede darse también en material médico, envases de alimentos, prótesis, etc. Y claro, el crecimiento de microorganismos en según qué superficies puede hacernos la vida un pelín más difícil. O puede aumentar los costes del mantenimiento de maquinaria industrial, que al final los dineros siempre cuentan. De todo esto, ya hablaremos, si eso, otro día.

La biosuciedad comienza generalmente con la deposición de sustancias de origen orgánico en una superficie dada. Estas sustancias servirán como sustento para bacterias, por ejemplo. Y no nos referimos a sustento sólo como “mantenimiento, alimento” (acepción 1 en la RAE), sino también en su acepción 3, “sostén o apoyo”, dado que estas sustancias orgánicas también servirán a las bacterias como puntos de adhesión. ¿Y qué sucede una vez la bacteria está adherida a la superficie? Si las condiciones son favorables, la bacteria empezará a reproducirse y a producir sustancias poliméricas extracelulares (conocidas como EPS por sus siglas en inglés) que poseen diversas funciones. Una de estas funciones es la de favorecer la adhesión de más bacterias a la superficie: las bacterias generan una especie de moco o baba que hará que otras bacterias puedan pegarse y crecer felizmente. Claro, ellas muy contentas, pero tú igual algo menos. Este fenómeno del que hablamos se conoce como “formación de un biofilm” (biopelícula, en castellano). Sin embargo, hay un término mucho más general y extendido entre el ciudadano de a pie y que define muy bien lo que ahí se ha generado: mugre.

Ahora que tratamos con términos mucho más mundanos, sabemos, porque lo hemos vivido en nuestras propias carnes, que quitar la mugre es un engorro: es una pérdida de tiempo y una asquerosidad. ¿Quién no ha deseado alguna vez no tener que enfrentarse a tal repugnante tarea? ¿Acaso el planeta Tierra no sería un jardín más bello si pudiésemos evitar el crecimientos de tales inmundicias? Pues bien, he ahí el quid de la cuestión: ¿por qué tener que esperar a que ese ente crezca para poder quitarlo? ¿Por qué no atajar el problema de raíz? ¿Por qué no evitar que las cosas se peguen a tu váter? ¿Es posible un mundo sin escobillas? Vaya, pues igual resulta que sí.

Váteres superdeslizantes o cómo se crea un tobogán en la taza del retrete

Un grupo de la Universidad de Pennsylvania (EEUU) ha creado un recubrimiento superdeslizante que se podría utilizar sobre la superficies del retrete para prevenir la mugre. De esta manera, también se reduciría el consumo de agua y papel higiénico que tan bien vendría al planeta.

El diseño de este recubrimiento bautizado como LESS (un aplauso por el naming) se basa en añadir un recubrimiento de un tipo de silicona, llamada PDMS, sobre una superficie de vidrio o cerámica. Al ser superficies que tienen disponible un grupo -OH, éste reacciona con un precursor del antes citado PDMS, que polimerizará formando una capa homogénea sobre la superficie interior del retrete. Sobre esta capa homogénea, que se utiliza por su rápida reacción y su gran estabilidad, resbalarán los residuos de una manera más eficiente que si ésta no estuviese. Este recubrimiento es hidrófobo, es decir, repele el agua. Pero para añadir una mayor eficiencia, se añade sobre este recubrimiento una capa de un lubricante, un aceite, que confiere incluso un mayor rendimiento al diseño LESS. Con este diseño, el 90% del material que pasa por la superficie resbalará, utilizando sólo un 10% del total de agua que se utilizaría de manera normal. Además de reducir el agua utilizada, también bajaría el consumo de otras sustancias biocidas que se echan a la taza del váter para desinfectarlo (para destruir el biofouling). Otra cosa es ya la estabilidad del diseño, que disminuye debido a la pérdida de la capa del lubricante tras 50 micciones (y unas cuantas menos evacuaciones de lo otro).

Cómo, dónde y con qué eficacia real se pueda implantar esto está aún por ver. Lo que sí que hay que tener claro es que la innovación está ya al servicio de tu excusado.

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