Bayas, escorbuto y caballos luminosos

Nota al lector: Se recomienda leer el presente artículo con esta banda sonora de fondo para una mayor inmersión en el tema.


Hoy tratamos una cuestión cuasi metafísica, incorpórea, banal, pero tampoco tanto. Algo que nos hemos preguntado en los últimos 10 minutos desde que decidimos empezar a escribir este texto: ¿qué es una baya?

Posiblemente, como nosotras en nuestra declarada ignorancia, dirás algo así como “Pues una baya es una frutita pequeña como una mora, una frambuesa o una fresa. Vamos, unas frutas del bosque”. Si no has pensado esto y lo has leído (encima) con voz de mimimi, deja de leer este artículo y ponte con el Hola!, que es más interesante. Si sí que lo has pensando, descubrirás con nosotras en este fascinante viaje al mundo de las bayas, que no. La fresa no es una baya.

Según la RAE, una baya es “un tipo de fruto carnoso con semillas rodeadas de pulpa; por ejemplo, el tomate y la uva”. Por consiguiente, una fresa no es baya porque tiene las semillas dispersas por ahí fuera y no recubiertas de pulpa. Drama. ¿Y el tomate una baya?¿Y las uvas? ¿Está acaso la RAE jugando con nuestros sentimientos? ¿HEMOS VIVIDO UNA MENTIRA? Ya nos parece excesivo que el tomate sea una fruta, pero… ¿encima de eso, una baya?

Tras rendirnos ante la evidencia de que la parte bio de biotecnólogas nos viene grande (no sabemos plantar una lechuga, no sabemos qué es una baya), llegamos a la conclusión de que asociábamos frutas del bosque a bayas por la traducción del inglés berry. En el colegio nos hicieron aprender a decir strawberry, raspberry o blueberry, haciéndonos creer que las berries eran bayas. Nos han estado mintiendo. Desde niños. A todos. ¿Debería ser por tanto tomatoberry la evolución natural del lenguaje? Obviamente, sí.

Espina de arena, princesa de las bayas

Una baya menos conocida que los tomates ha conquistado recientemente nuestros corazones: la fruta del Hippophae rhamnoides, una baya que no habíamos visto en nuestras vidas en España, pero que por allá a las orillas del mar Báltico no es ni tan rara (además de en otros sitios del mundo). Hippophae viene a traducirse algo así como caballo luminoso, aunque también podríamos imaginar que se traduce como abrillantacaballos; nunca puedes estar totalmente seguro. Los griegos le daban de comer las hojas de la planta a los caballos, lo que resultaba en un pelo Pantene y en caballos más lustrosos y sanos. Ni champú con biotina ni historias. Hippophae rhamnoides a mansalva.

En castellano esta planta se conoce como espino amarillo. Obvia decir que este nombre no tiene nada de interesante. Sin embargo, en Alemania se llama Sanddorn, cuya traducción vendría a ser Espina de arena, un nombre altamente épico para una baya. No podemos más que imaginarnos a una gran fruta guerrera, la princesa de las bayas. Grande por tamaño, no (mide 1 cm aprox), pero grande por contenido vitamínico, igual sí. Se rumorea que las tropas de Genghis Khan las utilizaban como tónico, que nada tiene que ver con el tónico que utilizaron un par de siglos después las tropas británicas en la India (se nota que las británicas eran unas tropas un poco más marchosas que las mongolas, y que nosotras queremos que cliquéis en más contenido de nuestro blog 😉 ), y que algunos pájaros irlandeses se las toman cual café irlandés. Y no nos extrañaría que los mongoles las utilizasen para darse energía pal body, porque a falta de clemenules y ortanique, buenos son sanddornos, que tienen una cantidad de vitamina C muy superior a la de las naranjas, clementinas y mandarinas. Pero ojo, no vayas ahora a pensar “Oh, el sanddorno éste es una superfood y lo supernecesito a la de superya porque tiene más vitamina C que una cutrinaranja”. ¡NO! ¡ALTO AHÍ! Tiene un mayor contenido de vitamina C en relación a 100 gramos de fruta, pero no olvidemos que la tal bayita apenas mide 1 cm, mientras que un naranjazo te puede dejar medio tonto.

Toma vitamina cuando te enamores, y nunca, nunca, nunca, nunca, nunca llores

Hablando de mongoles, tropas británicas y gente con ganas de conquistar tierras que no son la suya, los marineros de tiempos pretéritos se veían muchas veces acuciados por un mal un poco desagradable: el escorbuto. Posiblemente, algún conocido de Vicky el Vikingo o de Ladgerda y sus amigos viviesen en sus propias carnes un poquito de escorbuto, dado que era algo bastante común entre marineros exploradores. Pero esto en la tele no sale, que muy estético no queda. Es más, comentan los escritos sobre Magallanes que, circunnavegando el mundo, de todos los males que asolaron a su tripulación (como por ejemplo, galletitas con gusanitos y olor a pipí de ratita, comer serrín, o beber agua podrida, entre otras maravillas), el peor de todos fue sin ninguna duda el escorbuto.

Pero, ¿qué es exactamente el escorbuto? El escorbuto es básicamente una avitaminosis, es decir, una enfermedad causada por la falta, en este caso, de vitamina C (también llamada antiescorbútica, oh, sorpresa, o ácido ascórbico). Cuando te pasas al menos 3 meses en alta mar (o en la tierra, o en el aire, o en tu casa o en la mía) sin catar vitamina C, las cosas se empiezan a poner feas: el escorbuto se apodera de ti, y empiezan a aparecer anemia, gingivitis y hemorragias a la carta. Delicioso. Pero, ¿por qué Espina de arena, princesa de las bayas, una naranja o cualquier otro aporte de vitamina C pueden salvarte de los avernos del escorbuto?

Espina de arena, princesa de las bayas, blande su espada de vitamina C para someter a las malvadas hordas escorbúticas, que posiblemente estén viviendo su último segundo. Va montada en su fiel corcel Chimo, un caballo bayo. Historia triste, historia histórica, historia final :(.

Tanto tu body como el mío utilizan la vitamina C como cofactor de la prolil hidroxilasa y la lisil hidroxilasa. Tranquilicémonos, ha habido mucho palabro aquí, pero vayamos por partes. Un cofactor es un componente no proteico que es necesario para que las enzimas puedan mantener su función catalítica, es decir, para que las enzimas hagan su trabajo de forma rápida y eficaz. Las hidroxilasas son enzimas cuya vocación es transferir grupos hidroxilo (-OH). Por ende, las prolil y lisil hydroxilasas se dedican a transferir ese grupo -OH a los aminoácidos prolina y lisina, respectivamente. Sin el funcionamiento adecuado de estas enzimas, tu cuerpo no puede producir hidroxiprolina e hidroxilisina, componentes esenciales del colágeno (mantienen la estructura y sirven como puntos de glicosilación, por este orden)*. O dicho, de otro modo, ese limoncito o esa naranjita le dan a tu cuerpo el empuje necesario para que la síntesis de colágeno sea adecuada y esplendorosa. La síntesis adecuada de colágeno no sólo tiene que ver con tu delicado cutis-cual-culito-de-bebé, sino que como reina y señora de las proteínas con mayor abundancia en tu body (25% de la proteína total corporal) y como pieza clave de tus tejidos conectivos, su adecuada síntesis es clave para el buen funcionamiento de ese cuerpo serrano que tienes. Pero bueno, de esto (esto = colágeno) hablaremos más y mejor en un futuro.

Conclusión, ya sabes, si quieres abrillantar a tu caballo, tu cabello o tu vello corporal, toma vitamina cuando te enamores. Y cuando no, también. (Y si lo que realmente quieres es pasártelo a la Babalà, toma vitamina A)


Nota: No sabe Dios lo que nos hemos resistido a poner “el osito come bayas” después de cada “bayas”.

* Tip nutricional: Nuestra especialista en temas colagenosos de confianza, la Dra. Lorena Ruiz Rodríguez, apostilla que para la correcta glicosilación de estos aminoácidos en el colágeno también es vital la presencia de hierro. Por ello, nos comenta “En otras palabras, sé flexitarian o come muchas legumbres con hierro”.

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